

El diseño de tatuajes fue cambiando su percepción a través de los años y los regímenes religiosos, con la llegada del cristianismo, y la consolidación de la Iglesia Católica, dicha práctica fue desterrada por ser considerada un sinónimo de superstición e idolatría, y no fue hasta el siglo XVII cuando sufrió un renacimiento gracias a la literatura, más específicamente a una novela china que fue traducida al japonés, llamada Suikoden. Las clases obreras se interesaron y volcaron al arte del tatuaje permanente casi convirtiéndolo en coleccionismo, el surgimiento de los gremios de artesanos, durante la Baja Edad Media y la expansión de los viajes marítimos, que se dieron durante el período del Renacimiento, provocaron la difusión de esta costumbre decorativa, incluso en el Nuevo Continente.
Aunque parezca mentira, gran parte de la Iglesia animó a sus miembros en los siglos XVII y XVIII a utilizar distintos diseños de tatuajes para así obtener uno propio, algunos sacerdotes han seguido la costumbre, y los diseños religiosos tatuados en el pecho o antebrazo son considerados tradicionales en diversos pueblos búlgaros y los eurasiáticos católicos. El término o palabra tatuaje, con una cierta variación en el deletreo, ha sido adaptado de forma absoluta en cada lengua europea, dicha palabra fue llevada a Europa en 1771 por el capitán Cook, a su regreso de su primer viaje a los mares del sur.
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